La propuesta recoge la necesidad de unir la arquitectura moderna y de referencia con la arquitectura tradicional propia de Ibiza. El edificio se descompone en dos niveles construidos con una piel vidriada blanca. Por un lado, se genera un podio de formas sinuosas que absorbe la topografía del terreno y conduce a los diferentes accesos del hospital, mientras que, por otro lado, se apoya un volumen prismático de dos plantas, de formas redondeadas donde se ubican los servicios hospitalarios.
El espacio interior se caracteriza por ser diáfano y poseer una arquitectura sin protagonismos que deja espacio al usuario para desenvolverse y gozar de comodidad.